lunes, 28 de octubre de 2013

Euzko Etxea de Nueva York (1913-2013): los fundadores




Elías Aguirre

AGUIRRE ESQUIVEL, Elías (1879-1946)

Nacido en Busturia, Bizkaia, el 16 de julio de 1879. Hijo de Ignacio Aguirre y Josefa Esquivel. Antes de emigrar, era carpintero. También navegó en mercantes.  Llegó a Nueva York a bordo del Montevideo procedente de Barcelona el 11 de julio de 1907. Dio como referencia la de su hermano Valentín en el 41 de Cherry. Tras un tiempo en la ciudad, pensó en probar suerte en el Oeste. En 1910, trabajaba en una mina de cuarzo en Calaveras, California.  Dos año más tarde, estaba de vuelta en Nueva York. En 1913, se convirtió en una de los fundadores del Centro Vasco-Americano. En 1918, trabajaba para la BRG como engrasador (marino) en Brooklyn. Residía en el 41 de Cherry St. En 1930, estaba empleado como bombero en un hotel de Manhattan. Aquel año, tenía su domicilio en 84 de Madison St. En 1942, lo había contratado su hermano Valentín en el Jai Alai.  Aquel año vivía en Brooklyn (9 Woodrow Court). En 1917 se casó con Ceferina Orube (nacida en Busturia, llegada en 1917). Era padre de Beatriz, Peter y John. Falleció en diciembre de 1946.

Juan Cruz Aguirre

AGUIRRE OTAZUA, Juan Cruz “John” (1878-1959)

Nacido en Arrieta, Bizkaia el 3 de mayo de 1878.  Había residido en Liverpool donde se hizo maquinista En 1901 estaba embarcado como donkeyman en el Ashden, un vapor con registro galés que se dedicaba al transporte de carbón. Llegó en 1902. Vivió sucesivamente en el 14 de Cherry St , en el 106 de Roosevelt y en el 48 de Cherry. En 1909, solicitó su naturalización. En 1918/1942, trabajaba como maquinista para Interboro Rapid Transit/City of New York Fundador. Casado con Josefina Lezamiz (n. Busturia). Padre de Joseph, Elisa,  John y  Lillian. Con ellos vivía Tony Barben (que había quedado huérfano). En 1909, solicitó su naturalización. Falleció en 1959.


AGUIRRE ESQUIVEL, Valentín (1872-1953)

Cuando murió Valentín Aguirre el diario Abc publicó una necrológica firmada nada menos que por el diplomático y dramaturgo Enrique Llovet con el título Ha muerto un emigrante (Abc, 21-02-1953). Pero, no fue el único periódico que dio tal noticia. La prensa vasca de América dedicó amplios espacios al suceso. Jesús de Galíndez le dedicó un cálido y emocionado artículo. Un que vasco también se convirtió un personaje de novela. Es “don Alfredo Arana” en la narración de Nea Colton “The Rivers are frozen”.
Nacido en Busturia, Bizkaia el 15 de diciembre de 1872. Era el cuarto de los ocho hijos del matrimonio formado por Ignacio Aguirre, de Arrieta,  y Josefa Esquivel, de Murueta. Con tan solo diez años se embarcó como grumete en los barcos de Larrinaga Lines y, de está forma, comenzó a conocer mundo. Llegó por primera vez a Nueva York procedente de Liverpool el 24 de diciembre de 1888. “Saltó del barco” junto a otro joven paisano, Florencio Iturraspe (Eturaspe), de Elantxobe. Siguió navegando y dicen que incluso trabajó en un ingenio azucarero en Cuba. Según Llovet para demostrar que sus brazos eran tan fuertes como los de un negro. En 1895, se asentó definitivamente en Nueva York. En los primeros tiempos de Estados Unidos, trabajó como descargador de muelles, transportista, minero,… En uno de los censos aparece como “Monte Sollube” (US Census 1900), que debía ser su apodo en aquellos días. En 1897 pasó el Civil Service Exam lo que le permitió trabajar en los barcos de la New York City Boats. Durante unos años, trabajó como fogonero en los Staten Island Ferries que unían Manhattan con Staten Island.
Combatió como voluntario del Ejército americano en la guerra de Cuba por lo que fue condecorado. Durante toda su vida recibió un subsidio anual de quince dólares por aquello(Jaume Miravitlles, Don Valentín, el hombre que se hizo a sí mismo, La Nación, 3-1-1966).
Llegó el momento de casarse y, a través de un amigo, pidió matrimonio a Benita Orbe, una joven de su pueblo a quien había conocido poco antes. Benita llegó a Nueva York a bordo del Campania procedente de Liverpool el 9 de junio de 1900. Viajaba con dos marinos vascos, Lorenzo Alegría y Francisco Bilbao. Se casaron el 23 de abril de 1901 en la Saint Joachin Church (26 Roosevelt Street), una parroquia italiana con dependencias en Roosevelt (Saint Rocco Chapel) y Cherry (Madonna Day Nursery).
Fueron padres de Lucía (1902-1989), Antonia (1905-1989), Tomás (19-05-1908/17-04-1963), Valentina (1910-1972), John (1912-1995), Peter (1913-1978), Anita (1915-1999) y Mary (1917). En su petition of naturalisation (de septiembre de 1902), figura como marino mercante, residente en el 91 de Cherry Street (la pensión de Beobide). Por cierto, como testigo firma otro marino vasco, Juan Alcorta.
Con su esposa, hacia 1909, abrió La Casa Vizcaína, en el 14-16 de Cherry street,  una pensión muy popular que tuvo varios emplazamientos siempre en la misma calle. Aquí nacieron, además, algunos de sus hijos: Valentina, John, Peter, Anita y Mary. Lucy, la mayor nación en Oak Street, Antonia, en Bizkaia y Tomás en Water St. Desde el primer momento, Benita destacó como una cocinera extraordinaria. Posteriormente, en 1917,  figuraba, además, como titular del Hotel Español, Keller, en el 385 de West Street. Para entonces (desde los tiempos de La Casa Vizcaina), ya era “agente de las principales compañía de vapores trasatlánticas y costeros”. A principios de los 1920, se trasladaron al número 82 de Bank Street.
Ese año, en 1917, la familia se trasladó a Brooklyn, fijando su hogar en el  213 de la calle 52. En 1925, se instalaron definitivamente en el 457 de Ovington Avenue, que, en 2013, seguía siendo la casa referencial.
En el 82 de Bank Street, Valentín y Benita Aguirre regentaron el Hotel Santa Lucía, el Restaurante Jai Alai, una agencia de viajes y de información de empleo. Fue una empresa familiar. Con él, estaban sus tres hijos varones y su hermano Elías. Más tarde, se sumó su yerno Juan Zabalandicoechea (John Zabal) y, posteriormente, su otro yerno, Juan Arguiarro.
Además de los familiares, muchos de los empleados de Valentín Aguirre era vascos. Pedro Arana, de Mundaka,  trabajó en La Casa Vizcaína, en el Hotel Español y en el Santa Lucía. En 1917, Valentín le envío a Pamplona a cobrar una deuda de 2.775 dólares que le debía Martín Larraya,  un agente de la emigración (Carta de Valentín Aguirre a Martín Larraya, New York, June, 4th, 1917).  Manuel Achabal fue maìtre en el Santa Lucía. Daniel Echevarria, de Kanala, y Blas Echave, de Gernika, fueron jefes de cocina del Jai Alai. El primero, montó su propio restaurante, El Caserío. El segundo falleció mientras estaba trabajando.
La agencia de Valentín Aguirre se había convertido en un auténtico banco. Gestionaba letras de cambio, órdenes de pago y transferencias, giros, cambio de moneda,… Era, además, sucursal de American Express. En su caja fuerte se guardaban ahorros de emigrantes, del Este y del Oeste. De mineros, pastores, marinos. Todos los depósitos fueron garantizados, incluso en los días de la Gran Depresión. Las intervenciones de Aguirre era de todo tipo.
En 1917, Luis Bengoechea Alzola, aunque nacido en Boise, residía en Lekeitio, Bizkaia. Ante la posibilidad de que fuese reclutado por el Ejército español, su madre decidió enviarle a Mountain Home donde vivía su tío. En el primer viaje fue deportado. El jóven se había gastado el dinero de la fianza antes de embarcar. Para el segundo intento, la madre envió la cantidad necesaria  a Valentín Aguirre que se encargó de todo. Ya no hubo problemas.
Carmen Barañano había emigrado a México con su esposo  e hijos, sin embargo, el marido falleció durante los sucesos revolucionarios de 1910. Se instaló en Nueva York y al cabo de un tiempo, tomó en traspaso una tienda de ultramarinos en la calle 14, naciendo así Casa Moneo. Valentín Aguirre le prestó el dinero para arrancar el negocio, como había hecho con tantos otros. Los Moneo le delvolvieron pronto el préstamo.
Al estallar la guerra civil española, la principal preocupación de Aguirre fue la de poner a salvo a su hija Valentina y a sus nietas que vivían en Gorliz. Por su condición de ciudadana americana,  fue evacuada junto a las pequeñas, de 18 y 7 meses, respectivamente, llegando a Nueva York a bordo del Champlain procedente de Le Havre el 21 de agosto de 1936. Sin embargo, su marido, Juan Arguiarro, estaba preso tras haber capturado los franquistas su barco. Tras un año en la cárcel, con la ayuda de unos amigos, logró fugarse y, tras permanecer escondido en el sótano de la iglesia de Santa María de Donostia, pasó a san Juan de Luz. De allí se fue a Nueva York. Quedó retenido en Ellis Island de donde le sacó su suegro.
Valentín Aguirre estaba especialmente sensibilizado ante la tragedia de la guerra civil. Participó activamente en el Comité Pro-Euzkadi y colaboró con el Grupo Vasco de las Sociedades Hispanas Confederadas. Pero, hizo más. Según cuenta Nea Colton en su novela, tenía siempre reservada una mesa de su Jai Alai  para cualquier refugiado que entrase.
Cuando, en 1938, llegó a Nueva York la Delegación del Gobierno Vasco, Valentín Aguirre se convirtió un colaborador fundamental de la misma, sobre todo, para relacionarse con las comunidades vascas en aquel país. Y, así, su yerno, John Zabal, acompañó a Antón Irala y a Manu Sota en la gira que ambos hicieron por los estados del Oeste.
Valentín hizo una especial amistad con Manu Sota. Cuándo este último se quedo solo en la Delegación, comía todos los días en el Jai Alai, en la mesa reservada. Fue Sota quien le presentó a Indalecio Prieto. Este último, que acababa de fundar la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), pidió a Aguirre que se encargase, en un primer momento,  de la gestión de los pasajes de los refugiados que querían abandonar Europa. El responsable de estas operaciones fue su yerno John Zabal. Posteriormente, la agencia de Valentín Aguirre realizó nuevas gestiones para la JARE. Una de las últimas fue la venta en Cuba del “Vita”, el famoso yate que llevó fondos de la República a México.
Cuando el presidente vasco exiliado, José Antonio Aguirre,  llegó a Nueva York en 1941, a una de las primeras personas que conoció fue Valentín Aguirre. Enseguida congeniaron
Valentín Aguirre falleció el 30 de enero de 1953. Su sepelio fue una gran manifestación vasca[1]. En funeral fue oficiado por su amigo el sacerdote Teodoro Olazarán. Más de cincuenta automóviles se alinearon en Brooklyn para seguir el cortejo hasta el cementerio Calvary (Calvario) donde reposa para siempre.


Euzko Deya: 357, París, 1-III-1953.
Enrique Llovet, “Ha muerto un emigrante”, Abc, Madrid, 21 de febrero de 1953.
Jaume Miravitlles, Don Valentín, el hombre que se hizo a sí mismo, La Nación, 3-1-1966
Germán M. De Iñurrategi, “Valentin Aguirre”, Euzko Deya, México: 131, abril 1951
Jesus de Galíndez, “Valentín Aguirre ha muerto”, Euzko Deya, México: 153, feb. 1953
Vivian Kramer, Greenwich Village Cookbook, New York (1969): Fairchild Publications.




[1] Euzko Deya: 357, París, 1-III-1953.

José Altuna “Giputz”

ALTUNA SANTO DOMINGO, José Miguel “Joseph” “Giputz” (1892-1976)

Nacido Arrasate, Gipuzkoa, el 26 de septiembre de 1892. Hijo de Laureano y de Ángela. Antes de emigrar, residía en Bilbao. Siendo un muchacho trabajó en una charcutería en Bilbao. Luego, embarcó como bombero marino. En Bilbao conoció y se enamoró de Teresa Urquidi, de Markina, que estaba de criada en el Convento de las Carmelitas de esta ciudad. Antes de emigrar, prometió a Teresa que enviaría a buscarla en cuanto ahorrase el dinero suficiente. Y así fue. Se casaron en la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, en la calle 14. Llegó a Nueva York a bordo del New York procedente de Cherburgo el 22 de agosto de 1911. Viajaba con su primo Sebastián Arambarri (n. Mendata). Ambos dieron como referencia la de su hermano Toribio Altuna.  En 1915, inició los trámites para su naturalización. Ese año tenía su domicilio en el 67 de Cherry St. En 1917, solicitó la nacionalidad firmaron como testigos Toribio Altuna y Peter Fernandez. En 1930, residía en Manhattan (James Street). Trabajó como bombero, engrasador,… Durante cincuenta años, trabajó para la New York Transportation System. Gracias a su empleo, disponía de un pase que le permitía viajar de forma gratuita por toda la ciudad. Y así se convirtió en el recolector de cuotas lo que permitió al Centro  gozar de una situación económica saneada. Casado con Teresa Urquidi (n. Markina) a quien había conocido antes de emigrar, era padre de Mary, Juanita, Nicolás, Laureano, John, Teresa, Lucy y Mercedes. Falleció en Brooklyn en mayo de 1976.

Toribio Altuna

ALTUNA SANTO DOMINGO, Toribio (1890-1981)

Nacido en Arrasate, Gipuzkoa, el 16 de abril de 1890. Hijo de Laureano y de Ángela. Llegó a Nueva York a bordo de La Provence procedente de Le Havre el 11 de marzo de 1910.  Dio como referencia la del “friend” Valeriano Bilbao en Brooklyn. Viajaba con Silvestre Goicoechea de Gamiz (que le doblaba en edad) que era primo de V. Bilbao. Era bombero marino. En 1924, residía en el 14-16 de Cherry St.  En  1940/1942, estaba empleado en el Bellevue Hospital.  En 1910, inició los trámites para su naturalización. En 1917, solicitó la nacionalidad. Estaba avalado por dos vascos José Arazosa y John (Juan Cruz) Aguirre. Casado con Ángela Goicoechea hermana de Silvestre, era padre de Justa, Juan y Ángel. Toribio tocaba el piano y el acordeon. Falleció en Suffolk, NY, en agosto de 1981.


Estanislao Beobide

BEOBIDE GONDRA, Estanislao (1869-1936)

Nacido en Elantxobe, Bizkaia, 7 de mayo de 1869. Su padre era capitán de la Marina Mercante. Embarcó con once años como grumete (cabin boy), llegando a jefe de Máquinas en los barcos de Moore Mac Cormack y de  la  Ward Lines. Llegó a Nueva York el 10 de agosto de 1887. Era engrasador & mecánico naval. En 1900, solicitó su naturalización.  Aquel año tenía su residencia en el 91 de Cherry St. En 1910, residía con su familia en Catherine Street. Posteriormente, vivía en James St. Desembarcó hacia 1924 empleándose en el Hotel Belleclaire. Consiguió la licencia de stationary engineer. En 1927, fue contratado para encargarse del sistema de calefección de la mansión del la señora Andrew Carnegie en el 91 St. En 1930, la familia se había instalado en Brooklyn.  Casado con Vicenta Bermeosolo era padre de Lino, Josefina, Elsie y Elias. Falleció en 1936

Gabriel Elustondo

ELUSTONDO ERQUIAGA, Gabriel (1886-1952)

Nacido en Ea, Bizkaia el 14 de enero de 1886. Hijo de Juan Bautista y de Micaela. Llegó en 1903.  En un primer momento, se instaló en Filadelfia. En 1925, trabajaba como bombero en una fábrica. Posteriormente, se empleó como ingeniero de mantenimiento en el Temple Bar Building en Brooklyn.  En 1925/1940, vivía en Atlantic Av. (Brooklyn) donde también regentaban una pensión. Destacó por su dedicación a los vascos con problemas: a los enfermos, a quienes tenían necesidades en casa a los hospitalizados. No importaba donde estuviesen: en cualquier parte de la ciudad, en Ellis Island o en Long Island. En 1912, se casó en Filadelfia con Segunda Gainza (n. Gernika). Padre de Félix, Carmen, Emilio y Cipriano. Falleció en 1952.

Guillermo Garay

GARAY, Guillermo “William” (1885-1952)

Nacido en Arrieta, Bizkaia, el 10 de marzo de 1885. Marino mercante (engrasador). Trabajó un tiempo en Cardiff, Pais de Gales. Llegó a Nueva York a bordo del Vassari procedente de Buenos Aires el 16 de abril de 1916. Utilizó el nombre de “Narciso Iturbe”. En 1918, residía en el 56 de Cherry St (la pensión de Peter  Maruri) En 1918-1942, trabajaba en la Interborough Transit Co. Residía en Brooklyn (880 New York Av.). Casado con Vicenta Falleció en 1952.

Nicolás Luzuriaga

LUZURIAGA, Nicolás (1887-1967)

Nacido Los Arcos,  Nafarroa, el 12 de junio de 1887. Marino mercante (bombero). Llegó en 1910. Estuvo un tiempo embarcado en los correos que hacían la ruta a Nueva York. En 1930-1940, fue bombero de edificios. En ese tiempo vivía en James Street, en la misma que su cuñado José Altuna “Giputz”. En 1942, era superintendente de bomberos. Sentía tanta nostalgia de su tierra que encargó a Pedro Toja –que iba de visita a Euskadi- que le trajese un puñado de tierra de Los Arcos. Y así lo hizo. Además el alcalde certificó por escrito que la tierra era auténtica. Residía en Nueva York (75 Roosevelt St.). Casado con Mary Altuna (n. Arrasate). Padre de Felipe, Laureano, Jack  Nicolás y Mary.  Falleció en Nueva York en julio de 1967. Fue enterrado con el saquito de tierra navarra.

Juan Orbe

ORBE, Juan  (Bautista) (1885-1931)

Nacido en Busturia, Bizkaia, el 29 de abril de 1885. Hijo de Andrés y de María Josefa Mandiola. Era el hermano pequeño de Benita, la esposa de Valentín Aguirre. Llegó a Galveston a bordo del Serra procedente de Bilbao el 20 de agosto de 1902. En 1916, era el portero de La Casa Vizcaina. En 1918, trabajaba como barman para Patrick Rierman en Roosevelt St. Desde 1920, era propietario de un bar-restaurante el en 41 de Cherry Street. Casado con Juana Aizpurua (n.Busturia), era padre de Andrés, José, Luis,  Carmen y Frank.  Falleció a causa de la tuberculosis en 1931.

Escolástico Uriona

URIONA CALZADA, Escolástico

Emilia Doyaga le considera como “guía y mentor intelectual de los hombres que se reunían en el sótano de una casa en Water Street para discutir la creación de un Centro Vasco”. Nacido en Busturia, Bizkaia, el 10 de febrero de 1870. Hijo de Ramón y de Gabina. En 1890, Uriona residía en La Habana donde trabajaba en la industria tabaquera y donde cumplió el servicio militar[1]. Como su hermano Amalio, trabajó un tiempo en una fábrica de tabaco en Tampa, Florida. También estuvo en Nueva York, aunque poco después regresó a Tampa.
En Florida, vivió con su hermano Amalio que se había casado con Aurora Nosty, una astur-cubana, hija de otro obrero tabaquero. Allí frecuentaba el Centro Asturiano fundado en 1902, institución que, desde 1905, contaba con un Sanatorio propio. En junio de 1908, Escolástico Uriona fue elegido tesorero de la Sociedad de Socorros Mutuos de Rezagadores de Tampa (Diario de Tampa, 1908-06-26). Su paso por Florida le sirvió para acumular experiencias para la puesta en marcha de una institución similar para los vascos de Nueva York. La ausencia de Uriona y la marcha de Elías Aguirre a California frenó el proyecto durante un tiempo.
Uriona regresó a Nueva York y, en 1920, residía en la pensión de Gerardo Moscoso en el número 53 de Irving Place. En el establecimiento, se alojaban otro cigarreros (cigar makers)gallegos y, sobre todo, asturianos.
Uriona vino de Tampa con nueva ideas, así que comenzaron a reunirse de nuevo. Esta vez en el café que Benito Uruburu tenía en James Street (James y Churh Streets) En 1913, Uriona fue elegido primer presidente del Centro Vasco. La primera sede del Centro estuvo en Hamilton Street(con salida a Catherine), en una tienda que habían alquilado. Repitió en el cargo en otras dos ocasiones, 1922 y 1925. Sin embargo, no pudo cumplir el último mandato. En 1926, se produjo lo que el diario La Prensa calificó de “golpe de estado”. La Junta de Uriona fue sustituida por un “directorio” encabezado por John Zabal, el yerno de Valentín Aguirre (La Prensa, 1926-09-13). Uriona se desvinculó entonces del Centro Vasco-Americano, regresando a San Bartolomé, Busturia, donde construyó una hermosa casa. Allí falleció. Había perdido toda relación con Nueva York.


URUBURU VIDECHEA, Tiburcio “Tomás” (1883-1941)

Fundador. Nacido en Forua, Bizkaia, el 14 de abril de 1883. Hijo de Martin Ignacio y de Paula. Salió de Liverpool a bordo del Cedric rumbo a Nueva York el 10 de febrero de 1904. Llegó el 20 de febrero. Viajaba con su primo Marcelino Uruburu y los hermanos Ambrosio y Francisco Aralucea. Dio como referencia la de su hermano Benito en el 91 de Cherry St.   Trabajó como bombero en un remolcador (tugboat). En 1918, estaba embarcado como engrasador en los barcos de la Standard Oil en Nueva York. Residía en Brooklyn. Posteriormente estuvo empleado en una fábrica. Casado con Julia. Padre de Soledad (Sally) y de Julia. Falleció el 2 de marzo de  1941.


YTURRASPE, Florencio “Lawrence” (Eturaspe)

Nacido en Elantxobe, Bizkaia, el 23 de febrero de 1873.  Hijo de José Antonio y de Tiburcia Echandia. Llegó en 1888, trabajando en el mismo barco que Valentín Aguirre. En 1896, se casó con “Genevieve” (n. Mundaka). Tuvieron diez hijos. El 1900-1920, era bombero. Vivió en Oliver y en Roosevelt St. En 1925, trabajaba como jefe de máquinas en el Iselin Building, en Wall Street. Su hijo Dionisio, tras un tiempo navegando, ingresó en la policía de la ciudad de Nueva York.
          
http://www.eldiariony.com/Especial/article/20130618/Un-policia-vasco-de-pura-cepa


[1] Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, Año III: 78: 9-04-1890.

viernes, 16 de agosto de 2013

Vascos en ‘National Geographic Magazine'




   El 10 de enero de 1888 tenía lugar la reunión fundacional de la National Geographic Society. Fue elegido presidente el abogado Gardiner Greene Hubbard que contribuyó a financiar los experimentos relacionados con el teléfono de Alexander Graham Bell. En el grupo de fundadores geólogos como John Wesley Powell, exploradores como Adolfus Washington Greely. También ese mismo año, el 1 de octubre, aparecía el primer número de la famosa revista.
   Se viven los años de grandes aventuras: la travesía del polo, el nacimiento de la aeronáutica, la búsqueda de pueblos y civilizaciones perdidos y todo ello tendrá eco en la publicación. Como soporte, además de historias bien cuidadas, excelentes ilustraciones, sobre todo  fotografías. Se puede seguir la historia de este arte a través de la National Geographic Magazine.
    Los vascos, como tema, no aparecerán en la revista hasta bien entrado este siglo. A partir de 1922, con The Land of the Basques, se inicia una serie de magníficos trabajos, bien sobre el país, bien sobre los pastores del Oeste americano, gracias esto último a la pluma del hijo de uno de ellos, Robert Laxalt. Este es un recorrido a través de setenta y cinco años de relación entre la National Geographic Magazine y los vascos, comparando paisajes o localizando a aquellos que había hecho de improvisados modelos.


   En su número de enero de 1922, la National Geographic Magazine publicaba el primero de sus reportajes dedicado a los vascos, The land of the Basques.  Su autor, Harry McBride había llegado a Euzkadi, en 1920, en el co­rreo Barcelona-Bilbao. Su relato, ilustrado con 23 foto­grafías, aparece en la prestigiosa revista bajo el sub­título: “Hogar de un Pueblo Frugal, Pintores­co que se enorgullece de llamarse 'Los Yankis de España’”.
   McBride compara el País Vasco con regio­nes norteamericanas: «Las provincias vascas -montañosas, industriales y modernas- son la New England de España... Bilbao, con sus 100.000 almas, la ciudad más populosa y el se­gundo puerto de España... es el Pittsburgh in­dustrial de la península». “‘El Puente Transbordador’ de la ría se asemeja al de Duluth, jun­to al Lago Superior”.
   Los bilbaínos de McBride simpatizan con la causa americana: “En 1897, los astilleros de Bilbao construyeron un crucero que, meses más tarde seria destruido... en Santiago de Cu­ba. Pregunté a un aldeano vasco:
“-Qué pensasteis cuando el crucero zarpó del Nervión hacia Cuba para luchar contra norteamericanos?.
-Bueno, hombre  -me respondió-, ya, preparábamos para atar el hatillo y marchar nuestra nueva colonia al norte de México... aventuró a decir,
-Supongo que los Yankees no son muy populares en estas partes...
- ¿Por qué no? Gran favor hicisteis a España al quitarle Cuba y las Filipinas -ruedas de molino en nuestros cuellos-”.
“ Tal es la opinión general... Sin colonias, la nación tiene más oportunidad de desarrollo”,  comenta McBride.
   A Mac Bride, Bilbao le llama poderosamente la atención: «El Nervión, cruzado por varios puentes or­namentados, divide a Bilbao en dos partes casi iguales... La parte vieja, de calles tan estrechas que el tráfico de ruedas sólo pasa por dos o tres. Y al otro lado, la nueva ciudad, con su an­cha Gran Vía y otras muchas avenidas con ár­boles. El Arenal es el centro de la ciudad. Aquí, la gente pasea mientras la banda militar toca música de ocasión.  El Arenal es también el centro de la vida de café, con sillas y me­sas... El camarero, en mangas de camisa y con delantal blanco recibe siempre la misma orden: 'Café, muy negro. Un anís. Y los dominós'... Después de una hora o dos en el café, (el bilbaíno) se apresura hacia el teatro (el Arriaga es uno de los mejores teatros de España)... és­ta es otra diversión en que las mujeres partici­pan poco con excepción de 'los días de mo­da’... Compra una butaca para la sesión de las diez, que dura hasta pasada la media noche. Es casi al amanecer cuando la ciudad des­cansa...”.
   La amanecida marca al viajero: “... dos incidentes ocurren cada mañana y que son únicos de Bilbao... Número uno. Los anguleros apagan sus lámparas. Son pescado­res que desde media noche se han dedicado a una forma peculiar del arte de pesca. Cogen angulas... Esta delicadeza habita en el Nervión y se la recoge en las rocas del muelle, cuando las luces de los anguleros las atraen a sus re­des... Número dos. Los gritos de las cargado­ras del muelle, descalzas y malvestidas. Debo mencionar que Bilbao es el puerto más impor­tante de España, después de Barcelona, y debe su prominencia al gran tráfico de hierro que se recoge de sus minas y de las cargas de que llegan de Newcastle  con destino a tantas factorías vascas”.
   Mac Bride da muestra de notable erudición: “A lo largo del Nervión, entre la ciudad y  el mar, se hallan los depósitos de hierro más famosos del mundo. Ya se los conocía en la Edad Media. Escritores de la época isabelina, llamaron 'bilbo' al espadín, y el mismo Shakespeare, en 'Las Alegres Comadres de Windsor', hace decir a su Falstaff: 'Acompasado como buen bilbo...”.
   Con el hierro de las minas bilbaínas,  se hacía espadas en Inglaterra: “... se escuchan explosiones de dinamita.  Estas son las minas. De muchas de ellas cuelgan, extendiéndose por millas a través de aire, cables paralelos. Por ellos, suben y bajan las cestas que descargan el mineral rojo en la ría. De las minas al desembarcadero en la ría”.
   Luego, habla de Portugalete, con sus casas abalconadas y “encantadora iglesia gótica”. Las Arenas “moderna villa que se ha hecho centro veraniego popular. Aquí el Club Marítimo se alza sobre el puerto, donde los jóvenes bilbaínos van cada tarde a beber chocolate, bailar y jugar a ‘caballitos’”.
   Pero, el baile que más atrae a Mac Bride es el aurresku: “es la gran danza vasca. Me ha fascinado esta baile que se parece un poco a la marzurka polaca... El aurresku es un conjunto de movimientos intrincados de pies, cuerpo y brazos, aún los dedos tienen su parte... Los danzantes parecen hablar con sus pies”.
    Al norteamericano le llaman la atención los deportes, quizás exagerando un poco: “...jugadores de pelota desde que nacen. El gran juego vasco es la pelota, tan democrático y popular como lo es el juego nacional del ‘baseball’ en América”. Y junto a los pelotaris, los aizkolaris y barrenadores (hoy, deporte totalmente extinguido).
   Aquel primer reportaje fue ilustrado nada menos que por Manuel Torcida, de la Casa Lux, de Bilbao. Por cierto que Torcida es el único fotógrafo vasco, aunque de origen asturiano, que ha ilustrado en The National Geographic un reportaje sobre Euskal Herria. Resulta, por otro lado, un ejercicio apasionante, ver como evolucionan paisajes y gentes: la Ría a su paso por la Peña, tipos vascos, llama la atención la corrida de toros en Dima, la iglesia de Begoña, el Puente Colgante, la rivera de Erandio con el monte Serantes al fondo, maceros de la Diputación, El palacio de Allende-Salazar en Gernika, hoy desaparecido, del que se conservan algunos restos, una esquina y el escudo de armas de los Allende-Salazar que se ha colocado en otro lugar,  la cruz de Krutziaga, la playa de San Sebastián... Hay algo que sorprende en este primer reportaje: la introducción de fotos de Cantabria, los Picos de Europa y Asturias, de autores distintos, que no tenía un sentido especial aquí. Begoña Torcida es la nieta de nuestro fotógrafo.
   The National Geographic Magazine elige para ilustrar el reportaje a quien podemos considerar como mejor fotógrafo vasco de su tiempo y quizá uno de los más relevantes de Europa, colaborador estrecho de los hermanos Lumiére.
   En 1924, se publica un reportaje fotográfico de Robert Moore, titulado  “A skyline drive in the Pyrenees”. Se trata de un recorrido de Este a Oeste a lo largo de la cordillera. Entre las fotografías, algunas muy notables de una kabalkada en Hosta. Moore pasa por Mauleon, Saint Jean-pied-de Port. Luego, Luhossoa, Cambo-les-Bains y otros pueblos “de nombres extraños”. Hasta llegar a San Juan de Luz.
   Van a pasar veinticinco años antes de que la National Geographic publique un nuevo reportaje sobre vascos. En esta ocasión se trata de una magnífica colección de fotos sobre la caza con red en las palomeras de Sara. La autora es una mujer, Irene Bourdett-Scougall, y lo titula  Pigeon Netting-Sport of Basques (National Geographic - September 1949, Vol. 96, No. 3). En realidad era más conocida por su nombre de casada Scou Rose-Smith. 
   En 1954, la National Geographic publica el primer gran reportaje sobre los vascos. Cuarenta páginas con textos de John Nolan y fotografías de Justin Locke. Se habla de los vasco  de ambas vertientes de los Pirineos. De la lengua, de los deportes, de las brujas, de la decoración, de los encierros de Pamplona, del trabajo,... Recuerdan como Lafayette salió del puerto de Pasajes rumbo a América... En ella reportaje, realizado en pleno franquismo, se nos indica que “los pasaportes” están estrictamente controlados.
    La fotografías en color de Locke van recorriendo paisajes y tipos. Un grupo de muchachas danzan en Anzuola, dos viejos arrantzales sonríen ante la cámara en Motrico. Elanchove y las rederas llaman la atención al fotógrafo. Un carro de bueyes en la entrada de Salinas de Leniz. Otro carro en Zaldivia. El pequeño se llama Andrés y su padre, José Manuel. El padre ha muerto y el niño es un hombre entrado en años que sigue trabajando en el campo.
   Y, cómo no, los dantzaris. Los de las fotografías, que ejecutan la godalet dantza, pertenecen al Grupo Oldarra de Biarritz. De nuevo a la costa. Ondarroa. Las regatas de traineras de la Concha y el magnífico esfuerzo de los remeros. Las dos caras de la moneda: el triunfo de Orio y la derrota de Zarauz en medio del agotamiento de ambas tripulaciones, Las magníficas casas del siglo XVII de Senpere y los caseríos labortanos, fabricantes de cestas para jugar a pelota o las fiestas de Zarauz completan el trabajo.



   En las tres décadas siguientes será Robert Laxalt, el gran escritor vasco-americano, autor del celebrado Sweet Promised Land, sobre la vida de su padre, el zuberotarra Dominika Laxalt, el responsable de la mayor parte de los textos. El primero está firmado en 1966 y lo titula Centinelas solitarios del Oeste americano. Es, sin duda, uno de los mejores reportajes que jamás se hayan escrito sobre los pastores vascos en Estados Unidos. Con Laxalt, además, la lengua vasca, el euskara, entra en The National Geographic.
   El artículo de Laxalt comienza con una referencia a un recuerdo de su padre: Oroitzen naiz mendi horiek ardiez betetzialarik (Recuerdo el día en que esa montañas estaban llenas de ovejas): Dominika Laxalt se refería a la Sierra Nevada. El viejo pastor zuberotarra es parte esencial del artículo. La mayor parte de las fotos son obra de William Belknap.
   Junto a un estudio de la presencia vasca en el Oeste de Estados Unidos, Robert Laxalt va contando historias. Algunas tristes, como la del viejo Joanes, que soñaba con el regreso y se arruinó dos veces. Una,  debido a la quiebra de un banco; la otra, porque le robaron en San Francisco. O la de Peio, a quien la soledad de las montañas de Nevada le volvió loco. Dicen que no pudo soportar la nostalgia a pesar de que los vascos eran empleados para trabajar en soledad.
    Cuando Laxalt escribe su reportaje seguían llegando pastores vascos a Estados Unidos. Uno de los reclutadores era otro vasco-americano de Nevada, Charles Iriart, que rodó las famosas películas. Y, cómo no, referencias a los hoteles vascos, o a las mujeres que seguían a los maridos o hermanos, trabajando como cocineras en los ranchos o como camareras en los hoteles y restaurantes vascos.
    En el artículo, se hace referencia a lo que el escritor llama “exuberante festival vasco”. Se reproducen algunas fotografías del Festival Nacional Vasco de Elko. Treinta años más tarde, esta ciudad del norte de Nevada sigue siendo una de las sedes del festival que cada año reúne a cientos de vascos llegados de todos los rincones de la Unión.
   En el número de agosto de 1968, Laxalt publica La tierra de los antiguos vascos. Se trata de una larga crónica de su viaje a la tierra de sus padres, ilustrada con fotografías de William Albert Allard. Para entonces, había pasado allí dos períodos de un año cada uno. El texto comienza describiendo un día de caza en la que Robert Laxalt acompaña a su primo Bertrand en la palomera de Lecumberry en la Baja Navarra. El escritor transcribe el texto de una vieja canción:

Urtzo churia, urtzu churia
Errani zaddak othoiegina
Nundat buruz houndonen.

   Laxalt, que vivió con toda su familia en Saint-Jean-Pied-de-Port, se entusiasma con las aguas blancas del Laurhibar, con el verde intenso de Behorleguy, con el color rojo intenso de los tejados. Está en el límite con Soule, donde “nació mi padre”.
   De las montañas baja a las costa: desde un Bilbao en pleno auge industrial hasta San Juan de Luz. Se entrevista gentes diversas: desde pastores, hasta banqueros como el barón de Güell.
   Las fotografías de Allard van recorriendo tópicos: los viejos campesinos que siguen utilizando el asno, las palomeras y sus cazadores, las casas compactas del pueblo de Ezkurra, en torno a la iglesia y al frontón, la vendimie en Irouleguy, una boda en Saint Jean Pied-de-Port, una tormenta en Donostia, los jugadores de cesta punta, las pruebas de bueyes, las peleas de carneros, el cortejo del Corpus Christie en la Baja Navarra, los increíbles dantzaris de Zuberoa interpretando, de nuevo, la godalet dantza, una jota en San Sebastián, el antiguo puerto pesquero de San Juan de Luz, el mercado de Saint-Jean Pied-de-Port, los pastores conduciendo el ganado entre la niebla.
    En diciembre de 1974, Robert Laxalt volvía a National Geographic con  The Enduring Pyrenees. Se trata , como en el de 1924, de un recorrido de Este a Oeste por los Pirineos, desde el Mediterráneo al Golfo de Bizkaia. En la parte vasca, dedica una especial atención a Biarritz, lugar de veraneo de reyes y príncipes. A la Selva de Irati, tan cercana a su casa vasca de Garazi. A los pottokak, especie en vías de extinción a la que Paul Dutournier trataba de proteger. En Senpere conoce el escritor la historia de Pierre de Lancre, el sanguinario inquisidor, que persiguió a las brujas de Labourd. Enlaza luego los cultos precristianos y el paganismo en la capilla de La Magdalena, sobre Tardets. Y, cómo no, los contrabandistas y su código secreto. Uno de ellos le confesó que “para ser un buen contrabandista se necesitaban piernas fuertes y ligeras, ojos y oídos de gato y, desde luego, una conciencia elástica”. Los contrabandistas que conoció Laxalt se dedicaban al paso de ganado caballar. De allí, a celebrar los sanfermines a Pamplona.
     En 1985, la National Geographic Magazine dedicaba la portada de su número de julio a los balleneros vascos. Artículos de James A.Tuck,  Robert Grenier y Robert Laxat se completaban con una serie de fotografías de Bill Curtsinger y una serie de magníficas ilustraciones de Richard Schlecht. El motivo era el descubrimiento en Labrador de un ballenero vasco, el San  Juan. La presencia vasca en aquellas latitudes se remonta a los albores del siglo XVI.
   En noviembre de 1995 aparecía el último de los grandes reportajes. Con textos de Thomas J.Abercrombie y fotografías de Joanna B.Pineo, se titulaba “Los vascos: la primera familia de Europa”. La evolución del país y de sus gentes resulta evidente. También de las técnicas y estilos fotográficos: las boinas rojas del alarde de San Marcial, la playa de Donostia, uno de los temas recurrentes de los fotógrafos de la National Geographic, los pastores y, como contraste más llamativo, una peluquería juvenil en Bilbao.
   A lo largo de 75 años, los fotógrafos de la National Geographic Society habían ido retratando los cambios de una sociedad que a pesar de todo ha logrado mantener costumbres y tradiciones.

domingo, 11 de agosto de 2013

La Cultura Vasca en el Exlio: New York (y 2)




Jesús de Galíndez nació en Amurrio (Álava-Araba) el 12 de octubre de 1915. Hijo de un médico oculista, al morir su madre se trasladó con toda la familia a Madrid. Estudió la carrera de Derecho en la Universidad Central (Complutense) de la misma capital. Fué en estos años cuando surgió en él un gran interés por todo lo relacionado con el País Vasco. Afiliado en 1932 al PNV, asistió asiduamente a los Cursos de Verano de Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos en Donostia-San Sebastián. Metido de lleno en la asociación Euzko Ikasle Batza. Se licenció en Derecho el 20 de junio de 1936 (tesis: "El caserío vasco") y, a continuación, ocupó en la misma facultad una plaza de profesor ayudante en la cátedra de Derecho Civil, de la que era profesor Felipe Sánchez Román. Al iniciarse la guerra civil española (18 de julio de 1936) se creó en Madrid un Comité-Delegación del Partido Nacionalista Vasco, encargado oficialmente de proteger a los vascos que residían en la capital de España. Desde el primer momento se puso al servicio del mismo, del cual llegaría a ser Agregado Jurídico y encargado de la Sección de Presos y Desaparecidos. Su labor humanitaria, en apoyo de la política del ministro vasco Manuel de Irujo, hizo que muchos encarcelados vascos (y no vascos) gozasen nuevamente de la libertad. Durante la permanencia de Irujo como ministro de Justicia, Jesús de Galíndez desempeñó el cargo de Letrado Asesor de la Dirección General de Prisiones. La última parte de la contienda la pasó incorporado a la Brigada Vasco-Pirenaica (142 Brigada Mixta). De esta época es su libro de poesía Ensueños. Treinta ensayos poéticos, Barcelona, 1938. Como tantos otros combatientes republicanos, el 10 de febrero de 1939 cruzaba la frontera francesa camino del exilio. Gracias a los servicios del Cónsul de la República Dominicana en Burdeos pudo embarcarse en dirección a dicha República, llegando a la misma el 19 de noviembre de 1939. En esta isla del Caribe permaneció por espacio de seis años, los cuales le habrían de dejar una huella indeleble para el resto de sus días.
Un año más tarde se puso al frente de la Delegación del Gobierno Vasco en Santo Domingo, coincidiendo con su labor de profesor de Ciencia Jurídica de la Escuela de Derecho Diplomático y Consular. Su capacidad de trabajo y dinamismo hizo que se le nombrara secretario del Instituto de Legislación Americana Comparada de la Universidad de Santo Domingo y, un año antes de su salida de la isla, se le designó Asesor Legal del Departamento Secretaría de Trabajo y Economía. Al mismo tiempo se multiplicaba en conferencias y colaboraciones en revistas ("Revista Jurídica Dominicana", "Clío", etc.). De esta época son los escritos siguientes: Los problemas actuales del matrimonio y el divorcio ante los conflictos de leyes, Buenos Aires, 1942; La aportación vasca al Derecho Internacional, Buenos Aires, 1942; Programa de elementos de ciencia jurídica, Ciudad Trujillo, 1945; Principales conflictos de leyes en la América actual, Buenos Aires, 1945; Los vascos en el Madrid sitiado. Memorias del Partido Nacionalista Vasco y de la Delegación de Euzkadi en Madrid, desde setiembre de 1936 a mayo de 1937, Buenos Aires, 1945. En 1944 consiguió el primer premio en un concurso literario organizado con motivo del Primer Centenario de la República Dominicana. El trabajo se titulaba El Bahoruco y fue publicado, junto con cuatro ensayos más, bajo el título Cinco leyendas del Trópico, Ciudad Trujillo, 1944.
El 31 de enero de 1946 abandonó la isla de Santo Domingo, instalándose días más tarde en Nueva York (13 de febrero). Allí se puso a trabajar en la Delegación Vasca y colaboró con el Gobierno republicano español en el exilio en los trabajos que hicieron que las Naciones Unidas condenaran el régimen recién implantado.
Entre tanto continúa su labor de escritor. En agosto de 1946 envía la comunicación Raíces vascas en la doctrina del P. Vitoria al I Congreso Vitoriano, celebrado en Buenos Aires. En 1947 publica la obra El derecho vasco, Buenos Aires. Este mismo año sale de imprenta Divorce in the America, Búffalo, escrita en colaboración con Ireland. En el II Congreso de Escritores Vascos, organizado por la revista "Euzkadi" de Caracas, consigue el premio con su trabajo La revolución francesa repercute en Euzkadi. En 1948 viajó a Europa para tomar parte en el Congreso Internacional de Estudios Vascos y en la Asamblea General de las Naciones Unidas, que iba a tener lugar en París. Al Congreso aportó los siguientes trabajos: Un siglo de lucha por la libertad vasca; Valor de los Fueros Vascos considerados según las circunstancias históricas que les dieron origen; Los vascos en la lucha por la libertad de América; Semejanza entre los Fueros de Ayala y Bizcaya. Vuelto a Nueva York (1949), quedará al frente de la Delegación Vasca. Este mismo año aparecerá su escrito El divorcio en el derecho comparado de América, México, 1949. Su trabajo aumenta en gran manera. De todas partes le piden conferencias, comunicaciones, colaboraciones para periódicos, etc. Publica la obra Estampas de la guerra, Buenos Aires, 1951. Envió una comunicación sobre Protección de algunos derechos humanos en documentos Constitucionales Vascos, especialmente de los siglos XV y XVI, a la Conferencia Internacional de la "International Bar Association", celebrada en Londres. Poco después logró un premio especial en los Juegos Florales Catalanes de Nueva York, con su trabajo La Confederación del Pirineo, en la época del Príncipe Carlos de Viana y de Gerona. Por las mismas fechas se le nombraba profesor de Derecho Público Hispanoamericano y de Historia de la Civilización Iberoamericana, en la Universidad de Columbia; da a la imprenta un nuevo escrito, La inestabilidad constitucional en el derecho comparado de Latinoamérica, México, 1952, y al final del curso universitario hace un nuevo viaje a Europa. Su nuevo curso versó sobre La civilización hispanoamericana, política y cultural. Pronuncia gran número de conferencias, colabora en "Excelsior", de México, y se le nombra secretario del Comité Ejecutivo de la Asociación de Profesores Universitarios sobre temas de Hispanoamérica. En 1953 aparece su escrito Nueva Fórmula de Autodeterminación política de Puerto Rico (México) y un año más tarde el volumen Iberoamérica>. Su evolución política, socio-económica, cultural e internacional, Nueva York, 1954. Esta documentada obra produjo escándalo en algunos medios, sobre todo en la República Dominicana, donde pronto se publica un folleto contra el libro y su autor. Metido de lleno en las actividades públicas neoyorquinas, fue presidente durante dos años (hasta la Junta de 1956) del Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos, y Secretario de Publicidad de la Federación de Sociedades. En estos años cursó también la carrera de Filosofía, cuya tesis doctoral versó sobre La era de Trujillo: un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana, que fue aceptada formalmente por la Universidad de Columbia el 27 de febrero de 1956.



 En ella hace un estudio documentado de la dictadura trujillista en la República Dominicana. Días más tarde (12 de marzo), Jesús de Galíndez desaparecía de forma misteriosa, como tantos otros elementos que se atrevieron a atacar el régimen de Trujillo. El acontecimiento causó conmoción en el mundo entero. Ya desde el 1946 vivió preocupado por su destino final, como lo prueban ciertas declaraciones hechas a sus amigos. El 5 de junio de 1956 en ceremonia solemne, la Universidad de Columbia le otorgó "in absentia", el grado de Doctor en Filosofía. Su tesis sería publicada el mismo año en Santiago de Chile.
Colaboró en gran número de publicaciones, entre ellas: "Eusko Jakintza", "B. A. de E. V.", "Revista de América", "Ibérica", "Hogar", "Cuadernos Americanos", "Gernika", "América", “España Libre”…

Jon Oñatibia y Jesús de Galíndez con los dantzaris  de Nueva York, 1950

Jon Oñatibia había nacido en Oiartzun, Gipuzkoa, el 24 de noviembre de 1911. Estudió derecho en Zaragoza donde se licenció, aunque nunca ejerció como abogado. Entre 1937 y 1939 formó parte del grupo Eresoinka con el que actuó en Francia, Bélgica, Holanda e Inglaterra. En 1940, se exilió en Caracas y, en 1941, comenzó su propia carrera musical. Estudió en el Conservatorio de Caracas y acabó  convirtiéndose en el director del mismo.
El 27 de agosto de 1946, se trasladó a Estados Unidos. Entre 1947 y 1950, estudió en el New York College of Music, tomando cursos de composición, órgano, canto gregoriano,… Trabajó para llevar la música religiosa a la máxima expresión, bien como instrumentista (piano y órgano) o a través de los coros que ha dirigido en las iglesias de Saint Ignatius y La Milagrosa. Pero, a Oñatibia se le deben dos iniciativas culturales más: la edición del periódico Argia en lengua vasca y el grupo Euzkadi.
De su etapa neoyorquina nos queda Neke ta Poz. Erbesteratu baten oroitzapenak (Fatiga y alegría. Recuerdos de un desterrado),  Donostia, 1983[1]. Se trata de unas memorias noveladas que tienen una fuerza especial. Además, son un magnífico retrato de la vida de un exiliado/emigrante que trata de abrirse camino en la gran ciudad.




Oñatibia grabó en 1954 un disco de música vasca (txistu y canto) producido y grabado por Moses Asch en la legendaria Folkways (en la que grabaron, entre otros, Woody Guthrie, Pete Seeger,  Phill Ochs,…)[2].






[1] Hay una traducción al castellano de Jesús Iturriotz.
[2] http://media.smithsonianfolkways.org/liner_notes/folkways/FW06830.pdf

lunes, 17 de junio de 2013

La Cultura Vasca en el Exilio: Nueva York (I)


La guerra civil española de 1936-1939 llevó a Nueva York a un pequeño grupo de exiliados en su mayoría profesores universitarios. Este es el caso de Pedro Carrasco, Gloria Giner de los Rios, José López Rey, Fernando de los Rios, Félix Martí Ibáñez, Alfredo Mendizabal (New School for Social Research), Hernán Poza,…[1] También se asentaron artistas como Esteban Vicente, Lucio López-Rey, Fernando Teixidor,…[2] Por lo que se refiere a los vascos, en un primer momento, destaca un colectivo relacionado con la Delegación Vasca. Manu Sota, Jon Bilbao, José Antonio Agirre y, más tarde, José de Galindez o Yon Oñatibia.

Manu de la Sota (1945)

El nombre más destacado del exilio cultural vasco en Nueva York fue Manu de la Sota. Hijo del naviero Ramón de la Sota, había estudiado derecho en las Universidades de Salamanca y Cambrigde. Destacó siempre en el mundo de la cultura: impulsor del teatro popular vasco fue uno de los editores de la revista Hermes. En Madrid, se relacionó con los escritores de la llamada “generación del 27” y colaboró en la Revista de Occidente, Litoral o La Gaceta Literaria. Fue miembro correspondiente de la Academia de la Lengua Vasca. Gran aficionado al deporte, fundó la revista Pyrenaica y fue presidente del Athletic Club de Bilbao.
Al estallar la guerra, Manu de la Sota organizó diferentes actos propagandísticos en torno al futbol. Así nació el equipo Euzkadi pensado como selección nacional vasca. En abril de 1937, el equipo formado por grandes jugadores vascos inició una gira por Europa para recaudar fondos. En agosto de ese año, el presidente le encargó preparar un grupo musical y de danzas, naciendo así Eresoinka[3].
En 1938, el presidente vasco le envió a Estados Unidos para gestionar actuaciones tanto del equipo de futbol como de Eresoinka. Sin embargo tras el viaje del titular, Antón de Irala, a Francia, Manu Sota tuvo que hacerse cargo de la delegación[4].
A principios de 1939, Manu de la Sota fundaba en Nueva York la Basque Cultural Society, y, dentro de ella, además, se creó un Grupo de Jóvenes Vascos[5]. Poco después, se consolidaba la BCS, presidida por Martitegui, un vasco-americano de segunda generación. Las primeras actividades fueron la formación de un grupo de danzas y la creación de una biblioteca de temas vascos[6].
En los años de la Segunda Guerra Mundial, la Delegación Vasca en Nueva York y, sobre todo, Manu Sota, insiste en la acción cultural:

“A mis tareas de la Delegación se une el que estoy dando todos los sábados un ciclo de conferencias en el Centro Vasco sobre Historia Vasca, y para ello tengo que andar revolviendo libros en la biblioteca pública (una de las legítimas maravillas del mundo), lo que me lleva mucho tiempo. Pero estas tareas me llenan de satisfacción, porque a nuestros compatriotas de aquí, sumidos en ignorancia patria, les estoy descubriendo un extraordinario mundo vasco que ellos desconocían[7]”.

Tras el regreso de Anton de Irala a la Delegación de Nueva York en 1942, aún sin abandonar todas sus actividades en la representación vasca, Sota va a dedicarse más intensamente a la actividad cultural. Entre ese año y 1945, fue profesor de Derecho comparado en la escuela libre de Altos Estudios de Nueva York. Dirigió asimismo la revista Basques.



Resumen de su experiencia neoyorquina fue la novela Yanki hirsutus, conversaciones sin importancia sobre los habitantes del nuevo mundo anglosajón  publicada por la Editorial Sudamericana de Buenos Aires en 1949[8], una visión del mundo americano con mucha carga irónica. El libro es la crónica del viaje que Sota, de formación británica, hace a la sociedad americana. Como va aprendiendo a conocer al país y, al final, tenía “Estados Unidos dentro de sus huesos”. Es, quizá, la mejor crónica, de cómo la pequeña comunidad vasca exiliada en Nueva York va asimilando una nueva forma de vida, tan práctica, tan democrática.



Manu Sota se convirtió además en una especie de asesor de “lo vasco” (para ser exactos, de la identidad democrática vasca) en los años de la II Guerra Mundial. Así que colaboró en el libro juvenil White Stars of Freedom  de Mirim Isasi y Mercena Burns Deny, la historia de un joven pastor vasco que, tras nacionalizarse, ingresa en el Ejérciito americano[9]. La obra, que llegó a ser recomendada por Eleanore Roosevelt, tuvo un gran eco en los años de la II Guerra Mundial(San Diego Union, 1942-11-15).
Sin embargo, donde la mano de Sota está más clara es el la novela de Nea Colton, The Rivers are Frozen[10], que toma su título de una vieja canción vasca: “Goiko mendijan edurra dago/errekandian izotza” (Hay nieve en lo alto del monte, los riachuelos estás helados). Nea Colton dedicó la novela, que es un retrato magnifico de la comunidad vasca de Nueva York en los primeros 1940, a su madre y al propio Manu de la Sota, “en gratitud por su ayuda”.

Notas bibliográficas de J. Bilbao

El 28 de marzo de  1938, llegaba a Nueva York a bordo del Borinquen procedente de San Juan de Puerto Rico Jon Bilbao Azkarreta . Se había exiliado en 1937 y, al haber nacido en Cayey, donde tenía familia, intentó sin éxito ingresar en la Universidad de Puerto Rico (a donde había llegado en septiembre de 1937). Se había licenciado en Letras por la Universidad Central de Madrid. Al estallar la guerra, se encontraba haciendo el servicio militar en la Escuela de Complemento de Garellano. Poco después, se fue como voluntario para cubrir las bajas del Ejército (republicano), Después, al frente de Amurrio y, luego, al formarse en Ejército vasco, entró en la unidad de Zapadores con el grado de capitán. Caído Bilbao, logró salir desde Zierbena, llegando a Bayona. Ingresó en la Universidad de Columbia donde tuvo como profesores a Tomás Navarro Tomás o a Federico Onis, graduándose en Estudios Hispánicos en mayo de 1939. Pero ocurrió algo más. Gracias a Federico Onis, con quien mantuvo relación hasta su muerte, comenzó a interesarse por la bibliografía. Se iba a convertir en el padre de la bibliografía de estudios vascos. Años más tarde escribió: “Mi técnica bibliográfica viene a ser la misma que usaba don Federico. La clasificación en materias se basa en la usada por la Biblioteca de del congreso de Washington con algunas aportaciones de la Biblioteca Pública de Nueva York”[11].
Entre 1939 y 1940, fue subdelegado del Gobierno vasco en Boise. Tras la ocupación de Francia y ante la falta de fondos, ingresó en la Universidad de California-Berkeley donde, además de los estudios hispánicos, siguió con la bibliografía de estudios vascos. Comenzó a ejercer la docencia en el Instituto de Lingüistica de South Carolina hasta que el presidente Aguirre le pidió que se trasladase a Nueva York.
En 1942, regresó a Nueva York, ingresando como profesor en la New York University (1942-1944), al mismo tiempo que colaboraba con la Delegación del Gobierno Vasco. En este periodo, fue editor asociado de la Revista Belga, primero, y de Ambos Mundos, más tarde.

J. G. Mayaud y Luis J. Navascués


Un hombre destacado del exilio vasco en Nueva York fue Luis Jesús Navascués. Nacido en Tafalla, Nafarroa, hacia 1910. Realizó sus estudios en Madrid donde se inscribió en la Agrupación de Estudiantes Vascos. A terminar, ingresó como funcionario en el Ministerio de Comercio. En 1933, se casó en Madrid con Nancy Howard. Los dos hijos mayores nacieron en la maternidad americano-británica de Madrid  (British American Nursing Home). El segundo de los hijos, Miguel, nació en plena guerra, el 19 de agosto de 1936. La madre y los hijos pudieron ser evacuados  instalándose en Brooklyn, de donde era natural Nancy. Finalmente, en 1938, Navascués  se exilió desde Suecia (donde había sido agregado comercial), llegando a Nueva York el 3 de marzo de aquel año.
En 1939, comenzó a trabajar en el departamento de Lenguas Romances de Franklyn & Marshall College, en Lancaster, Pennsylvania, uno de los centros más antiguos y prestigiosos de Estados Unidos. En 1942, se incorporó a la New York University, comenzando su colaboración con la Delegación Vasca. Fue director de la Revista Belga para América Latina hasta 1945, con Jon Bilbao como subdirector. Posteriormente, dirigió Ambos Mundos hasta 1947. En 1948, regresó a Lancaster, trabajando durante años en el Departamento de Lenguas Romance.
El presidente vasco, José Antonio Aguirre logró ponerse a salvo en América tras atravesar la Europa ocupada por los nazis, pasando por Berlín. La noticia del la odisea del lehendakari había conmovido a la opinión americana. El diario socialista argentino La Vanguardia llegó a definirle como “símbolo del espíritu de lucha del pueblo vasco”. En aquellos días, dos exiliados, Andrés de Irujo y Ollo e Ixaka López de Mendizábal, con apoyo del delegado vasco, Ramón María de Aldasoro, y del impresor Sebastián de Amorrortu –primer impresor de Sabino de Arana- ultimaban los preparativos de la puesta en marcha de una editorial vasca que se llamará Ekin (hacer).
Discutían Irujo y López Mendizábal sobre la línea que debía seguir la editorial. Mientras que el primero se inclinaba por los temas políticos y jurídicos, el segundo, lo hacía por una opción más culturalistas. Por otro lado, Irujo pensaba que las personalidades vascas que había llegado al exilio debían contar sus experiencias. La llegada a Buenos Aires de Aguirre resolvió la cuestión: un editor se encargaría de unos temas, y el segundo, de los otros. El inquieto Irujo logra convencer a Aguirre y éste se pone inmediatamente a escribir. En los días que pasa a bordo del “Uruguay”, rumbo a Nueva York, tiene casi lista la primera redacción del manuscrito. El día 30 de diciembre de 1941, escribe a Manuel de Irujo, exiliado en Londres que ya lo había terminado[12]. Sin embargo, Aguirre decide añadir un capítulo “El Mensaje de Guernica a las Américas”. Por fin, el 20 de mayo de 1942, finalizaba la redacción de De Guernica a Nueva York pasando por Berlín.
El 1 de Septiembre de 1943, Andrés de Irujo escribía a Aguirre para comunicarle las últimas noticias sobre su libro:

“...comunicarte que DE GUERNICA A NUEVA YORK PASANDO POR BERLIN está en planchas para proceder a su tirada, después de haber sido el original sometido a las censuras más rigurosas.
Hablando de la hora podemos asegurarte un éxito rotundo. Hasta ahora, dos editoriales tenemos comprometidas para la distribución y una organización particular de ventas para la capital, además de nuestra organización propia que llega a todos los países de América, con excepción de Canadá, Ecuador y las Guayanas, y a tres países de Europa, Portugal, Irlanda e Inglaterra[13]”.

El 15 de septiembre de 1943, la editorial vasca Ekin de Buenos Aires publicó la primera edición de De Guernica a Nueva York pasando por Berlín. Fue un trabajo primoroso y, hoy, una auténtica pieza de bibliófilo[14]. De ella, se encargó personalmente Sebastián de Amorrortu. Vigiló la composición y el montaje, corrigió las pruebas y siguió de cerca la encuadernación- El éxito del libro es fulminante lo que, por otro lado, daba la razón a Andrés de Irujo. La tirada, de 5000 ejemplares,  se agota rápidamente y, así, la segunda edición en castellano –como algunas pequeñas correcciones- aparece el 14 de febrero de 1944.  De esta se hizo una tirada de 3.000 ejemplares[15].
El éxito de la edición en castellana hizo que los colaboradores de José Antonio de Aguirre en Nueva York y, en especial, la escritura judía Nea Colton, piensan en una edición inglesa para Estados Unidos. Esta última consigue que la Editorial Mac Millan –la misma que, por ejemplo, publicó Lo que el viento se llevó (Gone with the wind)- se interesa por el manuscrito. De la traducción se encarga la esposa de Luis Navascués, mientras que Nea Colton se encarga de darle “forma editorial”. Se elige un título contundente: Escape via Berlin.



La traducción y encontrar el tono necesario no estuvo exenta de dificultades. Tantas que Aguirre había llegado a perder las esperanzas de que finalmente se pudiese publicar en inglés al considerar que el texto iba perdiendo actualidad:

“Las traducciones son muy difíciles, nos han llevado mucho tiempo y no han sido concluidas hasta hace un mes, y por añadidura no estoy satisfecho[16]”.

Los temores del Lehendakari no se cumplieron. También en este caso, los más influyentes medios de comunicación de Estados Unidos se hacen eco del libro: The New York Times, New York Herald Tribune, The New York Post, The New York Sun, Harper’s Magazine, The New Centinel (Knoxville, Texas), The San Francisco Chronicle,… revistas como la católica America –que, durante la guerra civil, había sido uno de los principales baluartes del bando franquista en Estados Unidos-, The Christian Science Monitor (Boston), The Saturday Review of Literature, New Yorker,... Destacan, asi mismo, firmas como las de Henry B. Kranza, Roland Kilbon, Geral V. Jonson, Clip Butel, Francis Hackett, Bertrand D. Wolf, el jesuita John La Fargue y, especialmente, Jay Allen, un periodista pro republicano que había sido corresponsal durante la guerra civil y que, en 1938, había asesorado a la Delegación vasca de Nueva York. Casi inmediatamente aparece una edición iglesia británica con el título Freedom was flesh and blood, tomado de un versos del poema épico del escritor británico C.Day-Lewis, publicada en Londres por Víctor Gollancz, el editor de, entre otros, de Orwell y de la célebre colección Left Book Club.
The New York Times llegó a publicar dos artículos sobre el libro escritos por Hackett, uno, y Wolfe, el otro. A Francis Hackett le llama atención su postura ante la Iglesia : “This Basque is honest about the conflict between the Church in Spain and the Chrch Universal. (…) His book is a democratic document. (…) The Tree of Gernika is a tree of life” (“Este vasco es honesto sobre el conflicto entre la Iglesia en España y la Iglesia universal. (...) Su libros es un documento democrático. (...) El Árbol de Gernika es un árbol de libertad”)[17]. Beltran D. Wolfe se refiere a Aguirre “como líder de los católicos vascos” y asegura que, “como defensor de la unidad Panamericana tiene algunas sugestiones que hacer a nuestro Departamento de Estado[18]”.
El éxito de ventas de la versión inglesa del libro de Aguirre, permitió al presidente vasco vivir de forma un poco más desahogada. En una carta de Julio de Jáuregui, se refería a esta cuestión:

                                                                                   “Supongo que le gustará saber que el libro de Aguirre, ‘De Guernica a Nueva York, pasando por  Berlín’, ha sido editado con gran éxito de ventas por una importante casa editora de Nueva York, y que este mes lo editará otra en francés en Canadá y que el mes que viene se editará en Londres. Celebraría que José Antonio que nunca se ha preocupado de asuntos económicos propios, se encontrara con muy buenos ingresos, por el éxito justo y merecido del libro[19]”.
                                                                                 
Se hicieron cinco ediciones en inglés: dos en Estados Unidos, la primera, aparecida en noviembre de 1944, titulada Escape Via Berlin (New York: Mac Millan) y otra, en Gran Bretaña, bajo el nombre Freedom was flesh and blood cuya primera edición salió a la venta en mayo de 1945 dentro de la oferta del Left Book Club y, poco después, una edición comercial. La primera edición americana, para sorpresa de todos, incluida la casa editorial, se agotó rápidamente, lo que dio lugar a una segunda edición[20]. El 1991, la Universidad de Nevada (Basque Series) publicaba una nueva edición de Escape Via Berlin, con una introducción y anotaciones del profesor Robert P. Clark[21].




[1] Carlos Sáenz de la Calzada, “Educación y pedagogía”, en José Luis Abellán (dr),  El Exilio español de 1939 Vo.3, Madrid (1976): Taurus, pp.227-229.
[2] Vicente Llores, “La emigración republicana de 1939”, en José Luis Abellán (dr), Opus cit. Vol.1, pp. 199-200.
[3] José Antonio Arana-Martija, Eresoinka. Embajada cultural vasca 1937-1939, Vitoria-Gasteiz (1986). Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco.
[4] Koldo San Sebastián , Opus cit. pp.70-71.
[5] Carta de Ramón de la Sota a Antón de Irala, Nueva York, 6-IV-1939.
[6] Carta de Ramón de la Sota a Antón de Irala, Nueva York, 18-IV-1939.
[7] Carta de Manu de la Sota a Manuel de Irujo, New York, 18-II-1941.
[8] Manuel de la Sota, Yanqui hirsutus, Buenos Aires (1949): Sudamericana.
[9] Isasi & Denny, White Stars of Freedom, New York (1942): The Junior Literary Guild.
[10] Nea Colton, The Rivers are Frozen , New York (1942): Coward-Mc Cann.
[11] Jon Bilbao, Bibliografía, en Primer Congreso General de Historia de Navarra. I. Ponencias. Anejo 6-1987, pp.58-59.
[12] Carta de José Antonio de Aguirre a Manuel de Irujo, Nueva York, 30-XII-1941.
[13] Carta de Andrés M. de Irujo a José Antonio de Aguirre, Buenos Aires, 1-IX-1940. GV 133-1.
[14] De esta, se hizo una tirada de cien ejemplares en papel especial para regalos del autor (Carta de Andrés de Irujo a José Antonio de Aguirre, Buenos Aires, 3-III- 1944. AI 142-1).
[15] Carta de Andrés M. de Irujo a Manuel de Irujo, Buenos Aires, 11-XII-1943.
[16] Carta de José Antonio de Aguirre a Manuel de Irujo, New York, 1-II-1944 GE 467-1
[17] The New York Times, Saturday, November, 11, 1944.
[18] Bertram D.Wolfe, “Basque Spokesman”, The New York Times Book Review, Sunday, 19-XI-1944.
[19] Carta de Julio de Jáuregui a Francisco de Arregui, México, 23-XI-1944.
[20] Carta de Antón de Irala a José Ignacio Lizaso, New York, 24-I-1945 GE 469-1.
[21] Koldo San Sebastián, “’Escape via Berlin’, de José Antonio Aguirre, reeditada en Estados Unidos”, Deia, 26-I-1992.